Llevaba toda la noche temblando y el calor en su frente y nuca nublaba todos sus pensamientos. No hubiese cambiado ese confuso sentimiento por nada en el mundo. Era mejor que ir a 200 kilómetros por hora, que arrojarse de un avión sin paracaídas, que golpear a alguien que odias, mejor que el mejor beso del mundo, mejor que un orgasmo, mejor que mentir, que matar. Era ese sentimiento al que todos tememos y amamos a la vez. La ira, que nos descontrola, hace que nos vaya el corazón a mil, que dejemos ese rastro de humanidad que aún nos queda para convertirnos en auténticos animales salvajes...
Le encantaba sentirse así. Sentir ira y reprimirla una y otra vez, una y otra vez, hasta que ya no podía más. Hasta que debía estallar.
Tenía sangre en las manos y en la boca. Su camiseta estaba rota y sus ojos llenos de lagrimas. Cuando le daban esos ataques no recordaba bien lo que hacía, pero si que recordaba ese bendita sensación. Era como la droga, pero mejor.
Se levanto con gran esfuerzo y cojeando llego hasta el baño. Metió la cabeza bajo el grifo y después se lavó las manos. Le dolía todo el cuerpo ¡si solo pudiese recordar que había pasado!. Su acercó a la cocina y bebió un poco de leche del brick. Abrió el periódico del día anterior y encendió la televisión. Se sentía muy solo. Pero sabía que era mejor así, no quería que nadie se preocupase por el. Era, como solía decir “un perro solitario que se lamía sus propias heridas”. Había decepcionado a todos los que esperaban algo de el, eligió el mal camino. Lo peor no era que no fuese lo que los demás querían que fuese, sino que tampoco era lo que el quería ser. Era un monstruo, un mentiroso, un ladrón. Era tan duro mirarse al espejo y no reconocerse en el...
Se encendió un cigarrillo mientras se rascaba la barba de varios días.
Algo había pasado. Dio volumen a la televisión ...”el cuerpo del joven fue encontrado al lado de unos contenedores cercanos a una discoteca” alguien había muerto ...”el cadáver presentaba numerosos golpes y hematomas...” apagó el cigarrillo y se puso una camisa limpia. Tenía una gran sonrisa en la cara. “ya recuerdo qué hice anoche”.
María Suárez Alonso
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martes, 22 de marzo de 2011
Dies Veneris
El anagrama del número XVII es VIXI, que es igual a “Vivido” en español. Este participio se utiliza para una acción terminada, por lo que dicho anagrama significa “muerto” por eso el día Viernes 17 es denominado día “Nefasto”. En antigua Roma se dedicaban los viernes a ejecutar a los reos, prisioneros de guerra o esclavos infieles.
Miguel estaba tumbado sobre su cama. No podía dormir. Hacía tanto tiempo que no descansaba ya estaba harto de contar... sabía que si sumaba los números en su camiseta el resultado sería 30 y que si le sumaba los meses que llevaba sin ver a su madre la cifra sería 44 y que la cifra aumentaría si le sumaba los meses que estaría sin verla.
Para él el mundo se había visto reducido a incalculables sumas. Iván le había dicho esa mañana que siempre hay luz al final del túnel, pero él estaba cansado de mirar y no ver nada. Tan solo la oscuridad de ese estúpido camino que no llevaba a ninguna parte.
En sus sueños el silencio era sustituido por gritos, pasos y oraciones...despertaba bañado en sudor y besaba la cruz de madera que llevaba al cuello. Ese estúpido sitio se había convertido en un lugar de purgación y plegaria en el que el acento americano y el español se mezclaban para crear un simple canto de “sácame de aquí, Dios mío” y “perdóname señor”.
Los meses pasaron y le anunciaron su partida. Una semana y podrás ver la luz de nuevo.
Lunes: fue su cumpleaños y todos le dieron alguna cosilla. Jabón, algo de tabaco y una revista de esas en las que salen mujeres denudas.
Martes: recibió carta de Teresa su mujer, contándole que pronto sería la comunión de Raúl.
Miércoles: Le quitaron la cruz del cuello. “Si Dios esta contigo te oirá de todos modos” le dijo aquel hombre de negro.
Jueves: Su madre fue a visitarlo. Los besó y abrazó hasta el cansancio. “¿Porqué, Miguel?” no dejaba de preguntar mientras se despedían.
La mañana del 17 siguiente salió de su pequeño cubículo acompañado de dos hombres de negro. Le pesaban mucho las piernas y no podía caminar bien. Algunos de sus compañeros salieron a despedirse y otros simplemente miraron como se perdía en la oscuridad del pasillo.
Entonces la luz lo inundó todo. Un hombre vestido de blanco lo invitó a sentarse y a desnudarse un brazo. Mientras los dos hombres de negro le ataban correas a sus brazos y piernas. Frente a él una chica lloraba agarrada a una foto de un chico rubio.
La aguja entró rápidamente y el líquido transparente recorrió sus venas aliviando su dolor. Estaba mareado. Oyó un disparo y los gritos de la gente. Recordaba a ese gringo llorando ante él. Podía verse a sí mismo sosteniendo el arma y salir a correr del supermercado dejando al chico bañado en sangre, sin vida. Intentó hablar, pero nada salió de sus labios más que un suspiro. “A ti encomiendo mi alma, padre” dijo mentalmente, y murió.
Dios castigue al que mata, al que come carne un viernes y el que se toma la justicia por su mano... pero mayor castigo merece el que deja morir de hambre a un hombre empujándolo a matar por 30 asquerosos dólares.
María Suárez Alonso
Miguel estaba tumbado sobre su cama. No podía dormir. Hacía tanto tiempo que no descansaba ya estaba harto de contar... sabía que si sumaba los números en su camiseta el resultado sería 30 y que si le sumaba los meses que llevaba sin ver a su madre la cifra sería 44 y que la cifra aumentaría si le sumaba los meses que estaría sin verla.
Para él el mundo se había visto reducido a incalculables sumas. Iván le había dicho esa mañana que siempre hay luz al final del túnel, pero él estaba cansado de mirar y no ver nada. Tan solo la oscuridad de ese estúpido camino que no llevaba a ninguna parte.
En sus sueños el silencio era sustituido por gritos, pasos y oraciones...despertaba bañado en sudor y besaba la cruz de madera que llevaba al cuello. Ese estúpido sitio se había convertido en un lugar de purgación y plegaria en el que el acento americano y el español se mezclaban para crear un simple canto de “sácame de aquí, Dios mío” y “perdóname señor”.
Los meses pasaron y le anunciaron su partida. Una semana y podrás ver la luz de nuevo.
Lunes: fue su cumpleaños y todos le dieron alguna cosilla. Jabón, algo de tabaco y una revista de esas en las que salen mujeres denudas.
Martes: recibió carta de Teresa su mujer, contándole que pronto sería la comunión de Raúl.
Miércoles: Le quitaron la cruz del cuello. “Si Dios esta contigo te oirá de todos modos” le dijo aquel hombre de negro.
Jueves: Su madre fue a visitarlo. Los besó y abrazó hasta el cansancio. “¿Porqué, Miguel?” no dejaba de preguntar mientras se despedían.
La mañana del 17 siguiente salió de su pequeño cubículo acompañado de dos hombres de negro. Le pesaban mucho las piernas y no podía caminar bien. Algunos de sus compañeros salieron a despedirse y otros simplemente miraron como se perdía en la oscuridad del pasillo.
Entonces la luz lo inundó todo. Un hombre vestido de blanco lo invitó a sentarse y a desnudarse un brazo. Mientras los dos hombres de negro le ataban correas a sus brazos y piernas. Frente a él una chica lloraba agarrada a una foto de un chico rubio.
La aguja entró rápidamente y el líquido transparente recorrió sus venas aliviando su dolor. Estaba mareado. Oyó un disparo y los gritos de la gente. Recordaba a ese gringo llorando ante él. Podía verse a sí mismo sosteniendo el arma y salir a correr del supermercado dejando al chico bañado en sangre, sin vida. Intentó hablar, pero nada salió de sus labios más que un suspiro. “A ti encomiendo mi alma, padre” dijo mentalmente, y murió.
Dios castigue al que mata, al que come carne un viernes y el que se toma la justicia por su mano... pero mayor castigo merece el que deja morir de hambre a un hombre empujándolo a matar por 30 asquerosos dólares.
María Suárez Alonso
Las Gafas Rosa
¡Cuánto duele perder algo que se sabe perdido desde hace mucho tiempo!, ¿por qué duele tanto esta situación?...Porque ya no tengo nada.
Cuando entró en el avión las lágrimas bañaban su cara, enfriándola. Quería sonreírle para que fuese esa su última imagen. No quería ser recordada con la cara húmeda y los ojos manchados de rimel. Esbozó una sonrisa para él. Tenía ganas de correr fuera, de saltar de ese estúpido avión que los separaba. Él le decía adiós con las manos. Se veía tan ridículo. Volvió a sonreír. Por fin se sentó en su asiento. Sabía que él seguía allí de pie, en el mismo sitio en el que ante se habían besado. Donde intentó no llorar mientras le decía que todo iría bien... Mentirosa. “Nos veremos de nuevo”, habían prometido ambos. “Te esperaré el sábado, y el Domingo, pero no vengas el lunes, ya no estaré”, bromeó. Aún podía sentir el tirón que dio a su chaqueta para acercarla a él. Cómo la cogió de la mano. Volvió a sentir algunas lágrimas traidoras caer por su rostro. “Pronto” le había susurrado él.
Un niño pequeño se sentó a su lado. Estaba llorando, nervioso. De repente dejó de llorar y la miró curioso. Ella se sacó sus gafas de sol y se las puso al niño. Eran de color rosa, muy llamativas. Después sacó de su bolso un espejo y se lo ofreció para que se viese. “Estoy guapo” dijo el niño. Ella miró por la ventanilla de nuevo, pero él ya no estaba. Cuando volvió la cabeza vio que el chico le devolvía las gafas. “Creo que son mágicas, toma”. Se puso las gafas e intentó dormir. De repente se sintió bien, tranquila y cansada. Quizás sí que eran mágicas después de todo...Se estaba quedando dormida, cada vez oía las voces más lejanas, pero antes de caer rendida, sintió un calorcillo en su oído: “pronto”. Sí, todo irá bien, dijo en voz alta. “Claro” dijo el niño, “mi padre es el piloto”, pero ella no lo oyó. El niño sonrió al ver como en su cara aparecía una sonrisa. “Ya sabía yo que esas gafas eran mágicas”.
Cuando entró en el avión las lágrimas bañaban su cara, enfriándola. Quería sonreírle para que fuese esa su última imagen. No quería ser recordada con la cara húmeda y los ojos manchados de rimel. Esbozó una sonrisa para él. Tenía ganas de correr fuera, de saltar de ese estúpido avión que los separaba. Él le decía adiós con las manos. Se veía tan ridículo. Volvió a sonreír. Por fin se sentó en su asiento. Sabía que él seguía allí de pie, en el mismo sitio en el que ante se habían besado. Donde intentó no llorar mientras le decía que todo iría bien... Mentirosa. “Nos veremos de nuevo”, habían prometido ambos. “Te esperaré el sábado, y el Domingo, pero no vengas el lunes, ya no estaré”, bromeó. Aún podía sentir el tirón que dio a su chaqueta para acercarla a él. Cómo la cogió de la mano. Volvió a sentir algunas lágrimas traidoras caer por su rostro. “Pronto” le había susurrado él.
Un niño pequeño se sentó a su lado. Estaba llorando, nervioso. De repente dejó de llorar y la miró curioso. Ella se sacó sus gafas de sol y se las puso al niño. Eran de color rosa, muy llamativas. Después sacó de su bolso un espejo y se lo ofreció para que se viese. “Estoy guapo” dijo el niño. Ella miró por la ventanilla de nuevo, pero él ya no estaba. Cuando volvió la cabeza vio que el chico le devolvía las gafas. “Creo que son mágicas, toma”. Se puso las gafas e intentó dormir. De repente se sintió bien, tranquila y cansada. Quizás sí que eran mágicas después de todo...Se estaba quedando dormida, cada vez oía las voces más lejanas, pero antes de caer rendida, sintió un calorcillo en su oído: “pronto”. Sí, todo irá bien, dijo en voz alta. “Claro” dijo el niño, “mi padre es el piloto”, pero ella no lo oyó. El niño sonrió al ver como en su cara aparecía una sonrisa. “Ya sabía yo que esas gafas eran mágicas”.
María Suárez Alonso
Miedo
Mándeseme al mar cual grumete a oír cantos de sirena que llenen de
mentiras mis oídos y presto corra a mi muerte, o permanecer ante el
temido basilisco y que con sus deslumbrantes ojos me torne piedra;
pero no se me obligue, señor, acudir al camposanto esta noche, porque,
ante sus puertas, os juro que mis piernas se tambalearían sacudidas
por ese invisible enemigo al que llamamos miedo. ¿No sabe su señoría
que el día de los difuntos no se debe molestar a nadie?, ¿por qué
despertar entonces a los que de mayor descanso disfrutan? .Una oscura
noche en la que las brujas atemorizaban montadas en sus malditas
escobas, unos niños intentaron mostrar su gallardía para finalmente no
mostrar más que la estupidez del hombre, y, cuando uno de ellos, tras
oír una terrorífica historia sentado entre las tumbas, corrió raído
cual liebre, pero nunca tan astuto, ya que, quizás por temer ese frío
que nos hiela la nuca, que nos sigue cuando caminamos solos, ó a esos
pasos que nadie da, no quiso mirar atrás cuando, saliendo de ese
sagrado lugar, alguien tiró de su capa helándole el corazón de miedo y
llevándolo así hasta el misterioso mundo del que tanto huía. Donde se
vive sin vida sin poder atravesar las tapias ni para danzar con tu
traje de huesos en la más maldita noche del año. Revueltos hallaríamos
sus huesos en la tumba si osáramos abrirla, ya que la sorpresa no fue
encontrar a un niño muerto de miedo asido por una huesuda mano, sino
por una pequeña e insignificante rama de un arbusto que sobresalía por
la tapia.
María Suárez Alonso
mentiras mis oídos y presto corra a mi muerte, o permanecer ante el
temido basilisco y que con sus deslumbrantes ojos me torne piedra;
pero no se me obligue, señor, acudir al camposanto esta noche, porque,
ante sus puertas, os juro que mis piernas se tambalearían sacudidas
por ese invisible enemigo al que llamamos miedo. ¿No sabe su señoría
que el día de los difuntos no se debe molestar a nadie?, ¿por qué
despertar entonces a los que de mayor descanso disfrutan? .Una oscura
noche en la que las brujas atemorizaban montadas en sus malditas
escobas, unos niños intentaron mostrar su gallardía para finalmente no
mostrar más que la estupidez del hombre, y, cuando uno de ellos, tras
oír una terrorífica historia sentado entre las tumbas, corrió raído
cual liebre, pero nunca tan astuto, ya que, quizás por temer ese frío
que nos hiela la nuca, que nos sigue cuando caminamos solos, ó a esos
pasos que nadie da, no quiso mirar atrás cuando, saliendo de ese
sagrado lugar, alguien tiró de su capa helándole el corazón de miedo y
llevándolo así hasta el misterioso mundo del que tanto huía. Donde se
vive sin vida sin poder atravesar las tapias ni para danzar con tu
traje de huesos en la más maldita noche del año. Revueltos hallaríamos
sus huesos en la tumba si osáramos abrirla, ya que la sorpresa no fue
encontrar a un niño muerto de miedo asido por una huesuda mano, sino
por una pequeña e insignificante rama de un arbusto que sobresalía por
la tapia.
María Suárez Alonso
La Guerra
Todos los niños gritaban llenos de alegría, habían ganado una gran batalla en la que muchos habían caído. El suelo estaba cubierto de críos que lloraban mientras miraban sus rodillas raspadas y los chichones de sus cabezas. “Habéis luchado bien” gritó uno de los chicos a la multitud que le rodeaba. Esos “perros” de la calle de al lado no volverán a pisar el barrio. No en un mes al menos. Todos se reían y abrazaban embargados por la emoción mientras el les sonreía. Era un gran líder, les había dirigido bien. Ayudó a muchos de sus guerreros a levantarse y correr mientras esquivaban el ataque enemigo. Todo parecía perdido hasta que un chico pequeño llegó con munición. Un gran cubo lleno de piedras que lanzaron sin piedad contra sus contrincantes. Les había ayudado a todos, por algo era el jefe, el más fuerte, el mayor. Todos sabían que lo era y que debían obedecerle. Todo era como un sueño, uno de esos cortos que se va desvaneciendo poco a poco y cuando te das cuanta apenas lo recuerdas. El suyo terminaba al oscurecer. Todos corrían a sus casas hechas de madera y trozos de edificios viejos. Su interior casi vacío podía verse a través de las cortinas raídas de algunas de las cabañas lo suficientemente ricas como para tener cortinas. El vio como todos sus compañeros se metían en sus casas y eran recibidos a collejas por sus madres al ver estas lo sucias que llevaban sus ropas “qué extraño, creo que vuelven igual o menos sucios de lo que salieron esta tarde”, pensaba él mientras iba de camino a la suya. A cada paso que daba, se convertía más y más en un crío común. Parecía encoger, los laureles habían caído de su cabeza hacía rato, y sabía que una vez llegase a casa, no sería más el líder, sino un niño más recibido a collejas por una madre enfadada.
María Suárez Alonso
María Suárez Alonso
The Ugly Story of Beautiful Beth
Once upon a time there was a beautiful model, with beautiful green eyes and a beautiful beautiful checking account, that lived in an far off land called Manhattan. Her castle was in the upper east side of the city. She used to go to many balls and enjoy dancing, drinking, smiling and shining with the beautiful dresses that a foreign seamstress called Prada made for her. She had been told about some other models that were blessed with gifts as a narcoleptic girl known as the Sleeping Beauty was.
When Beth, that is the name of our model,was a child, she was not so beauty as today. Nobody invited her to balls and she never thought about herself as something shinning at all. So, teenage times finished and a young manager called Adam Prince told her that there was a method to become a star. It was easy, the only thing she had to do was to put two of her fingers inside her mouth and pull. This practice plus the seven magic words “just a glass of water, thank you” made of her what she is now. Every day she looked at her reflection in the mirror thanking god that it was not a speaking one, to see how magic had turned her into one of the best paid models in North America.
She never understood how people could find desirable features in the bag of bones she had become, but they did. Dark times arrived and the prince run away in his horse leaving her alone, without money and suffering from a serious digestive disorder. One day that she was walking down street, she suddenly stopped to look at the mirror of a cake shop. The hole that lived in her stomach roared as a dragon. It was the dragon of hunger, the one she had fought every day during five years without the help of any fairy god-mother...what did our heroine? You will ask.
Well, she finally “lost” the battle and entered the shop. She bought a whole tray of cream cakes and ate it by herself. She felt satisfied for the first time in her life and made up her mind while finishing the scrums of the last filled cake.
Next day she packed her expensive clothes and return to her parent's humble castle in the middle of nowhere. Albert, the king of the sweet corn in the state of Iowa welcomed her daughter happily.
I cannot tell you that the process of adaptation of our beautiful and refined model was easy, but she finally fitted there when she learned how to ask a beer and “complete” sandwich without feeling guilty. She married Philip, her father's partner in the corn factory. His surname was not Prince but he loved her more than anything in the world.
Beth does not return to a ball again, although she missed them. I am not going to tell you that she was happy ever after, but she never felt as an ugly duckling again.
María Suárez Alonso
Norte y Sur
El 11 de Septiembre es un día catastrófico para la mayoría de la gente que conozco. Todo el mundo tiene una razón para odiar este día, y todos ellos tendrían una espeluznante historia que contarnos si les dejasen. Su historia...
Mi nombre es Pablo y me gustaría contaros la mía:
Cada vez que vemos una de las fotos de las torres gemelas, no podemos evitar pensar en toda esa pobre gente llorando, saltando en desesperación y mandando mensajes de despedida a sus familias. Bien, debo admitir que envidio a estas familias. Mi padre murió el 11 de septiembre. El no era un soldado, bombero ni trabajaba en las torres. Ni tan siquiera iba en uno de los dos aviones. Por eso nadie le recuerda. Por eso no es más que un fantasma en mi mente. Porque no estaba en una de esos malditos gigantes de hierro, tumba de tantas personas.
Mi padre se llamaba Juan Luis Gonzáles, y no estaba allí. Mi padre no era ya más que polvo cuando el atentado terrorista devastó América. Él murió mientras dormía, tranquilo en su cama mientras un avión bombardeaba nuestra casa y la nuestros amigos y vecinos. Mi madre murió tras ser violada por varios soldados, y mi hermano, fue acusado de varios actos terroristas inexistentes y ejecutado por ellos. Yo huí...
Esa estúpida noche de Martes de 1973, ese maldito 11 de septiembre, América fue la terrorista y mi pueblo el atacado. Mi gente, Chile, sufrió también, pero nosotros no somos recordados, ni mencionados. Es solo una cuestión de situación geográfica. Simplemente se trata de remarcar la ya enorme diferencia entre Norte y Sur cuando se habla de América.
Las familias de ese gran número de personas muertas en Nueva York ese fatídico día pueden llevar flores a lo que por un tiempo fue un inmenso agujero negro. Tan negro como los ojos de mi madre. Sé que no soy más que un inmigrante que nada sabe, pero, hay algo de lo que estoy totalmente seguro, y es de que mi madre, de haber podido, habría elegido saltar de un edificio antes de morir como ella lo hizo. Bajo el peso de un sudoroso hombre sintiendo su respiración en el cuello y oído. Mezclando el dolor con el llanto por haber perdido marido hijo y honor de un solo plumazo.
Me aflige mucho el dolor de las familias , pero me aflige mucho más mi situación. Juro que hubiese matado por un mensaje de despedida, por una placa con el nombre de mi padre grabado para recordar su valor, o por la compresión y denuncia ante tan ruin acto de todos los países del mundo. A nosotros nadie nos recuerda. Esa es la diferencia entre Norte y Sur en este estúpido continente. Maldito sea el día en que Cristóbal Colón descubrió el lugar donde seres tales como R. Nixon y G.W.Bush nacerían para desgracia del mundo.
María Suárez Alonso
Mi nombre es Pablo y me gustaría contaros la mía:
Cada vez que vemos una de las fotos de las torres gemelas, no podemos evitar pensar en toda esa pobre gente llorando, saltando en desesperación y mandando mensajes de despedida a sus familias. Bien, debo admitir que envidio a estas familias. Mi padre murió el 11 de septiembre. El no era un soldado, bombero ni trabajaba en las torres. Ni tan siquiera iba en uno de los dos aviones. Por eso nadie le recuerda. Por eso no es más que un fantasma en mi mente. Porque no estaba en una de esos malditos gigantes de hierro, tumba de tantas personas.
Mi padre se llamaba Juan Luis Gonzáles, y no estaba allí. Mi padre no era ya más que polvo cuando el atentado terrorista devastó América. Él murió mientras dormía, tranquilo en su cama mientras un avión bombardeaba nuestra casa y la nuestros amigos y vecinos. Mi madre murió tras ser violada por varios soldados, y mi hermano, fue acusado de varios actos terroristas inexistentes y ejecutado por ellos. Yo huí...
Esa estúpida noche de Martes de 1973, ese maldito 11 de septiembre, América fue la terrorista y mi pueblo el atacado. Mi gente, Chile, sufrió también, pero nosotros no somos recordados, ni mencionados. Es solo una cuestión de situación geográfica. Simplemente se trata de remarcar la ya enorme diferencia entre Norte y Sur cuando se habla de América.
Las familias de ese gran número de personas muertas en Nueva York ese fatídico día pueden llevar flores a lo que por un tiempo fue un inmenso agujero negro. Tan negro como los ojos de mi madre. Sé que no soy más que un inmigrante que nada sabe, pero, hay algo de lo que estoy totalmente seguro, y es de que mi madre, de haber podido, habría elegido saltar de un edificio antes de morir como ella lo hizo. Bajo el peso de un sudoroso hombre sintiendo su respiración en el cuello y oído. Mezclando el dolor con el llanto por haber perdido marido hijo y honor de un solo plumazo.
Me aflige mucho el dolor de las familias , pero me aflige mucho más mi situación. Juro que hubiese matado por un mensaje de despedida, por una placa con el nombre de mi padre grabado para recordar su valor, o por la compresión y denuncia ante tan ruin acto de todos los países del mundo. A nosotros nadie nos recuerda. Esa es la diferencia entre Norte y Sur en este estúpido continente. Maldito sea el día en que Cristóbal Colón descubrió el lugar donde seres tales como R. Nixon y G.W.Bush nacerían para desgracia del mundo.
María Suárez Alonso
Margaret
Nobody, not even the rain, had such small hands. She looked like a Gothic picture, a skull with big blue eyes. The biggest and most expressive eyes I had ever seen. Her jet-black and curly hair was the sweetest maze that I dreamed to get lost in, and her mouth, full with small and white teeth was always open a little, as waiting for some bread to put into. That was my Margaret...
I can clearly remember the day I first saw her. It was my first time for many things. The first time I saw a Jewish girl, the first time I cried and the first time I heard the word “Nazi”. She had just arrived from Germany in a very big ship, rolled up in a grey blanket. She was very thin and slim. Her hands like white feathers, one, grabbed to an old woman’s coat, the other, holding a blond, almost hoary hair doll.
People welcomed them in a very effusive way and guided them to the town hall where the mayor was waiting for them.
I wondered why somebody could want to kill such a beautiful thing? My grandma held my hand to remind me that it was late and that we were supposed to be at the market. Suddenly, the girl looked at me, and, I do not know why, I wished to get free from nana’s warm contact. “Jewish swine” shouted someone from a balcony .And I woke up.
I realized of what this war was about and I cried. My feet started moving towards her. I put off my old scarf and I put it around her slender neck. She looked at me with her dark blue eyes and I saw so many things inside them...
The soldiers, the “died on active service”, the newspapers, “the aim, ready, fire...”the fire!
The Darkness and cruelty, the gunpowder, the cries of women regretting the act of giving birth. Their lost fathers, husbands and children. Somebody told me we won but we never felt like winners. Which was the prize? What kind of game makes bleed a whole country, a belief, a culture? Margaret, my Margaret died before knowing we won. It was a pity because judging by her face, she seemed to love winning. People called it war, but for me, it was just hatred. A ridiculous hatred that made millions of people depend on the fickle finger of a devilish man desires.
...And her only sin was to be a Jew.
I can clearly remember the day I first saw her. It was my first time for many things. The first time I saw a Jewish girl, the first time I cried and the first time I heard the word “Nazi”. She had just arrived from Germany in a very big ship, rolled up in a grey blanket. She was very thin and slim. Her hands like white feathers, one, grabbed to an old woman’s coat, the other, holding a blond, almost hoary hair doll.
People welcomed them in a very effusive way and guided them to the town hall where the mayor was waiting for them.
I wondered why somebody could want to kill such a beautiful thing? My grandma held my hand to remind me that it was late and that we were supposed to be at the market. Suddenly, the girl looked at me, and, I do not know why, I wished to get free from nana’s warm contact. “Jewish swine” shouted someone from a balcony .And I woke up.
I realized of what this war was about and I cried. My feet started moving towards her. I put off my old scarf and I put it around her slender neck. She looked at me with her dark blue eyes and I saw so many things inside them...
The soldiers, the “died on active service”, the newspapers, “the aim, ready, fire...”the fire!
The Darkness and cruelty, the gunpowder, the cries of women regretting the act of giving birth. Their lost fathers, husbands and children. Somebody told me we won but we never felt like winners. Which was the prize? What kind of game makes bleed a whole country, a belief, a culture? Margaret, my Margaret died before knowing we won. It was a pity because judging by her face, she seemed to love winning. People called it war, but for me, it was just hatred. A ridiculous hatred that made millions of people depend on the fickle finger of a devilish man desires.
...“let's give the world to the children
at least for one day let the world learn friendship
children will get the world from our hands
they'll plant immortal trees”.
Nazim Hikmet.
The Hoary Hair Child
“...And you, my father, there on the sad height,
Curse, bless me now with your fierce tears, I pray.
Do not go gentle into that good night.
Rage, rage against the dying of the light.”
Curse, bless me now with your fierce tears, I pray.
Do not go gentle into that good night.
Rage, rage against the dying of the light.”
Dylan Thomas
“Age?”, the old policeman asked to Johnny. He loved to be called Johnny, not John or daddy, as one of those bad women used to called him. “I cannot actually recall, but I think I am six years old, mister” answered him, very anxiuos. He had never been in a police station. “ address, Mr...?” “Johnny”. “As I told you, my name is Johnny and I wanna go home, please, Mr policeman. “Mr Johnn, do you have an address?”. “of course I have. I live at home. The old policeman could not help smiling. “o.k. and where is home?”. “somewhere near. If you just let me go, I would go home. Mum must be worried.She has some sweets for me” he said standing up, trying to leave. The policeman held his shoulders and tried to calm him down. He was about to cry. “my mother is waiting for me... Ah! I do remember it. I am John and I wanna go home”. “Mr John, I’ll make a phone call and you must stay here and wait for me, understood?” he nodded, sobbing and looked around the little office. Suddlenly he felt something hot and wet. “Ow!” he muttered looking down to the pool of yellow liquid on his feet and trousers. The officer looked at him and put the phone down. “O.k Mr John, somebody is coming to pick you up. John smiled as a way of thanking him for what he had done, and pointed out the yellow pool. “I could not help it, sorry sir”...
That night, at home, when one of the evil witches, as he called them, was putting on him his pyjamas, he told her about his great adventure that evening. “...and the man with the blue suit, called somebody who came there and brought me home”. His daughter smiled. “really?” she asked. “it sounds amazing, dad”. Then his mood changed: “but what can you know, stupid?. Leave me alone, you are a dirty bitch. But do not think that i do not know what you are planning. You wanna kill me..but i’ll kill you all before, one night...you will see...”
She was so tired of everything...”good night, dad” she said while switching off the light. It was the same for her every day, since that dreadful moment in when the doctor said “it is Alzheimer”. From that day on, her life had changed completely. Every day his mind became childish, and childish...while his daughter grew older and older every minute she spent beside him. Two victims, two hearts, two lives..the devil must be wrapping up his hands. She was an old lady of twenty five years old, and he was a little child of sixty three.Charming Johnny, hoary hair, that sucked away his daughter’s youth as it was one of those sweets he was always talking about.
María Suárez Alonso
miércoles, 9 de marzo de 2011
The apocryphal stave: or Humbugs
What could have happeneded if Mr Scrooge had never woke up at one in the morning?
What if Jacob Marley just burnt in hell wrapping up his hands while waiting for his old pal?.I am going to tell you what actually happened that Christmas eve:
Mr Scrooge went back to his home in that huge building abandoned by any human being and now occupied by the most similar way of life to Ebenezer Scrooge, the rats.
He looked to the sign where his name and Marley’s was before he left the office, but there was nothing there, no face, no spirit, no chains, no dragging feet...
When he traspassed his threshold there was no shiver running down his spine, no undying cold. No laments, wood creaking or doors opening. Nobody went upstairs, nobody to advised him of his terrible fate. He will finish his sticky dinner and go to bed as usual. He would sleep the whole night. Nothing, not even the wind would dare to disturb the old and bad tempered Scrooge.
Little little Timmy would die the following year while the rich man spent the rest of his life doing the thing he liked the best. Not spending a penny. The only spirit he would meet would be the creepest one. They will start a long journey together the day that a robber found him dead, seated on his armchair wearing his nightgown. He died as always lived, alone. Nobody cried, nobody said a conforting word about him.
At least, we know that he is not alone. That he and J. Marley are both carrying the weight of their actions. Maybe you could see him, during the Christmas eve, when the wandering spirits cross the earth ,dragging his own chains, the last in the line of ghost looking at the children playing with the snow and muttering “humbugs”.
El Ejército de los cascos de plata
Bendita sea la madre que pare tal hijo y la esposa que después le da herederos, pues el orgullo hinchará sus pechos y la dicha será eterna. Barack el soldado luchaba cual pantera y se movía como una hoja al viento. El tizne de su piel brillaba bañado por el sudor del fulgor de la batalla. Su cabello, castaño avellana le sobresalía por el viejo y gastado casco. La valía y la fuerza de nuestro guerrero solo podía ser comparada con su inteligencia. Nadie podía engañarle, ya que adivinaba las intenciones de quien se le acercaba. La astucia del joven muchacho le hizo ganar mil batallas aunque su piel estaba tallada con mil cicatrices y arañazos provocados por sus numerosos enemigos. Barack estaba enamorado de Eloisa, la hija de un superior, que ni siquiera sabía de su existencia. Tenía el pelo negro y los ojos azul cielo. Su cara parecía esculpida en mármol, y su boca salida de un cuadro impresionista. Era casi imposible encontrar el nacimiento de sus labios, ni tampoco su fin; parecían haberse desbordado. Era tan inalcanzable como su gemela: un ángel pintado en el fresco de una vieja iglesia a la que acudió huyendo un día de una batalla perdida. Esa tarde perdió mucho más que un batalla, también perdió su alma al ver dicha imagen, un ángel que se peinaba en un río y escrutaba su moreno rostro con sus divinos ojos azul celeste. El caprichoso pintor había plasmado en su boca un esbozo de sonrisa que hipnotizaba al visitante. Desde entonces, acudía allí cada tarde y se acurrucaba en un rinconcito a mirarla. Una día algo interrumpió el silencio. Habría matado a quien fuese si no fuera, porque la persona que entró era Eloisa. - ¿soldado?- preguntó con voz temblorosa. Barack se le acercó llevándose la mano a la frente en señal de respeto. Era como si ese hermoso ángel hubiese descendido de la pared para hablarle. Cada palabra que salía de su boca era empujada por el aire y transportada a los oídos del joven, que escuchaba el relato absorto en la dulce figura que producía tan bellos sonidos. Eloisa le contó que habían destinado a su padre al desierto para una peligrosa misión, y que había preguntado por el soldado más valeroso- Barack-dijeron todos. Escuchar su nombre en los labios de ella le pareció tan melodioso que tuvo que contenerse para no caer de rodillas.- será un placer acompañar a su padre, señorita- dijo sin dejarla formular la pregunta. Eloisa sonrió y se acercó a él para besarle la mejilla. – vuelva- le susurró al oido la joven. Sentir su respiración tan cercana a su rostro le hizo sentir tan dichoso, que una lagrima se asomó al rostro del enamorado soldado, una vez Eloisa se hubo marchado.
A la mañana siguiente marchó la tropa. Barack iba al frente, con el corazón henchido de amor, de orgullo, y, sobre todo de esperanza. Volvería con éxito, a ganarse el corazón de su ángel. Estaba seguro de que volvería.
La tropa marchaba feliz, tranquila. No hacía demasiado calor. Habían prometido medallas, y los muchachos estaban ansiosos por encontrar un enemigo con el que hallar
La gloria.
El enemigo no apareció por ninguna parte hasta el segundo día. Pero no fue un ejército, sino una gran tormenta de arena que los arrastró durante toda la noche. Cuando despertó, Barack estaba solo y confuso. Sus ropas estaban rotas y se moría de sed. ¿dónde estarían sus compañeros?, ¿muertos?. Solo se escuchaba el viento y las hienas. Las aves carroñeras sobrevolaban la zona en busca de algo que comer. Estaba en una playa de color dorado. Solo y sediento como un náufrago. Sus tiburones eran las hienas, las gaviotas, buitres y su balsa....-Eloisa- dijo en voz alta. Se levantó y caminó durante horas en busca de supervivientes, pero no encontró a nadie.
La noche llegó pronto, y buscó un lugar seguro donde esconderse. No encontró ninguno. Al ocultarse el sol, se enterró en la arena y procuró dormir mientras miraba las estrellas. Estaba casi dormido, cuando una figura encorvada se acercó a él. Estaba envuelta en una capa negra y se ayudaba de un bastón que confundió con una serpiente. Llevaba un anillo de color negro en el dedo anular. -¡eh, soldado!- le llamó pagándole en el bastón en la espalda. Barack se levantó corriendo creyéndose salvado.- ¿me compras una alfombra?- ¿cómo?. No lo podía creer, un viejo enclenque encuentra a un soldado medio muerto y no se le ocurre otra maldita idea que intentar vender algo. Estaba tan enfadado que ni se-movió-vamos muchacho, levántate chico. Voy a ayudarte .Te ofreceré algo que te será difícil rechazar. El pobre soldado no sabía si debía confiar en el anciano. Llevaba el rostro tapado y no podía verle nada mas que la boca. Tenía todos los dientes podridos salvo dos de ellos que eran de oro.
-Tu amada está en peligro, y tu amigos también- ¿cómo podía saberlo?.Se disponía a hablar cuando el anciano le interrumpió: Tengo más años que este desierto, mi querido Barack, y te puedo asegurar que con hombres mejores he negociado. Lo sé todo y todo lo veo. Se qué sientes, qué deseas, qué anhelas con toda tu alma. También sé que eres valiente y humilde. Y que ella no te amará a menos que seas poderoso. Yo puedo dártelo todo: tierra, riquezas, gloria. Eloisa....-
En la cabeza de Barack se arremolinaban mil ideas, el bien el mal, el amor, todo cuanto ansiaba y jamás poseería sin ayuda.- ¿qué quieres?- La cara del anciano se deformó intentando esbozar una sonrisa. - ¿sabes cuánto vale el alma de un soldado?, te quiero a ti, para siempre. Este es el trato. Te daré un ejército, el mayor que nunca hayas visto, y terminarás con el enemigo, para siempre. Cuando termine la guerra que tú comenzarás, matarás a todos los soldados, uno por uno, soldados que se convertirán en un humo verde que te recomiendo no inhales. Irás a casa del rey enemigo, y cuando pregunten “¿quién va?” responderás “La Muerte” y los soldados atacarán. Salvarás a tu pueblo y todos te aclamarán. ¿por qué no iba a amarte ella?. En el rostro de Barack se dibujo una extraña sonrisa. -¿y el pago?. ¿cuándo he de pagar?- dentro de seis años vendré a por ti. Mientras tanto, no podrás pisar ninguna iglesia ni colgarte al cuello una cruz.
No tardó el joven en aceptar el trato, ni tampoco su ejército en aparecer. Unos diez mil soldados, todos con cascos de plata que relucía a la luz de la luna. El anciano le proporcionó ropas de forma gratuita, y un caballo. En su espada relucía también plateada un serpiente que se agarraba a la mano una vez este la empuñaba y no la soltaba hasta que el último enemigoexpiraba. Pronto los ecos de los gritos de sus víctimas fueron sonando más cerca del hogar; sus victorias eran conocidas por todos los rincones, llegaban a todos los oídos. Y Barack olvidó la patria. Todo por lo que había luchado, todos sus sueños y anhelos se fueron desperdigando por las tierras enemigas y los lechos de las concubinas que tomaba.
El campo de batalla era como un río de sangre. Los cuerpos de las víctimas rodaban por el suelo y Barack ni si quiera desmontaba de su caballo. El paso de sus caballeros traía una nube negra y feroz, la nube de la muerte. Los cascos relucían con el sol hasta que llegaba la luna y desaparecían al final de la batalla y él se quedaba solo, escuchando los lamentos de las mujeres, las madres, y las hijas de los muertos. Casi podía ver las almas de los guerreros abandonando felices sus cuerpos, tranquilos y en paz. Barack sabía que él nunca alcanzaría esa paz. ¿qué más les daba morir de la forma más dolorosa y vergonzosa?. ¿qué mas les daba morir de pie, o de rodillas, si finalmente habían vencido?. Habían ganado, siendo llamados a la lucha y muriendo por su país. Él no luchaba por ninguna patria, ni siquiera por amor, sino por orgullo, por tenerla a ella, a Eloisa.
Por fin llegó al hogar el pobre y derrumbado guerrero. La gente lo aclamaba, lo animaba; los niños lo imitaban y las mujeres lo amaban....pero él solo podía oír las voces de sus víctimas, de sus familias...no olía las flores que le lanzaban, sino la sangre y los cuerpos podridos al sol. Nada podría ayudarlo, nada.
¡pobre Barack , que consiguió lo que más ansiaba!, ¡pobre Eloisa, que se casó con él!. Cuando el joven regresó, la Familia de Eloisa lo había perdido todo; el padre, desaparecido en el desierto , había dispuesto para ella un buen matrimonio con un general, pero, por desgracia , el joven había perecido en la misma cruzada y habían considerado a la joven maldita por algún tipo de bruja. Nadie quería desposarla. Excepto él.
Cada noche, los espíritus, juguetones, venían a tirarles de los pies en la cama. Tiraban la sábana al suelo y provocaron la muerte de dos hijos que su esposa le dio.
Terminada la guerra, Barack terminó con los soldados como prometió, salvando a cuatro de ellos para su propia protección y la de su esposa. –sólo por si acaso- solía pensar cuando recordaba que haciéndolo había roto su promesa. Su ejército de soldados se desvaneció en una nube de humo. No tenían rostro bajo el casco, solo unos dientes afilados creados para destrozar y arrancar la piel. No eran humanos y por eso no le importó demasiado hacerlo. El humo dañaba los ojos y se protegió la boca con un pañuelo. Tardó dos años en terminar ese duro trabajo y nunca volvió a ver como antes.
Eloisa fue su único consuelo durante los tres primeros años. Siempre se miró en sus ojos, en ese inmenso lago, tan profundo que no podía ver el fondo. A veces temía ahogarse en ellos, sumergirse, y no poder salir. Luego, Eloisa comenzó a ponerse más y mas pálida, hasta que podían vérseles las venas de su pequeña cara. Adelgazó mucho y de su rostro sólo destacaban sus dos pozos, antaño rebosantes de vida. Ahora sólo mostraban muerte y tristeza por la perdida de la progenie, pero seguía siendo bella, bellísima, con belleza sepulcral. La de un espectro que sale de la tumba para acompañar al esposo en sus escasas horas de sueño.
Un día, Barack volvió a casa muy temprano y encontró a su esposa despidiéndose de alguien. Estaba muy agitada y temblaba como una hoja al viento- ¿quién era?- preguntó él ,mirando fijamente a su esposa. –nadie importante, entra, esposo , entra y descansa- Barack se estiró junto al fuego al sentir cómo un escalofrío le sacudía el cuerpo. Algo había cambiado. El soldado preguntó a su esposa . -no- contestó ella -solo he comprado una alfombra- Barack se quedó dormido antes de oír lo que su esposa contestó.
Pasados los seis años, Barack y su esposa trazaron un plan para librarse del maldito demonio que le rondaba. El hombre esperaba en el bosque a que su esposa no olvidase sus indicaciones. Llorando arrodillado ante una cruz pintada en el suelo recordaba de cuánta ayuda le había sido Eloísa y cómo el amor venció al orgullo del joven a medida que se adaptaba a su joven y enfermiza esposa. La pérdida de los hijos les hizo sufrir a ambos, pero mucho más a ella . Por primera vez en su vida, nuestro héroe sentía miedo. No era miedo a la muerte, sino a la eternidad. El anciano vendedor de alfombras llamó a la puerta y Eloisa le abrió, haciéndole pasar. Cuando empezó a salir humo de la chimenea, señal acordada por ambos, Barack llamó a la puerta de su propia casa.- ¿quién va?- preguntó la voz del anciano- La Muerte- gritó Barack. El anciano abrió la puerta esperando encontrar al guerrero, pero solo alcanzó a ver cuatro cascos plateados que le mordieron el cuello y le arrancaron la piel. Entonces, cayó la capa de su cabeza, y se le descubrió la cara. Unos ojos azules miraron a Barack mientras el cuello se desangraba. Cayó Eloisa muerta en `pocos minutos. El anciano, vestido elegantemente con un traje de terciopelo verde reía a carcajadas desde un rincón.- lo siento, teníamos negocios-Barack estaba estirado en el suelo mirando a su esposa. Sabía que intentarías engañarme. Yo lo sé todo. Ella sabía de nuestros negocios. Le dije que tu alma sería libre si ella me hacía un favor..... Barack se levantó. –ocupar mi lugar- Barack miraba a los ojos al anciano, llorando, lleno de sangre, de dolor y rabia. – la hiciste decir esas estúpidas palabras que yo tanto hice repetir- El anciano salió a la luz, llevaba el bastón de serpiente. – si Barack, esas, ¿quién va?- Barack sonrió, comenzó a reír a carcajadas, dio un paso adelante y le susurró: “La Muerte”. De repente los cuatro caballeros volvieron a entrar en la estancia y sacando sus espadas comenzaron a acuchillarle. Uno de ellos le arrancó la piel, mientras otro bebió de su sangre, pero él, a pesar de gritar, nunca caía al suelo, ni moría. Entonces, Barack cogió su espada y la atacó. El anciano cayó al suelo y antes de desvanecerse en una nube de humo pronunció: Me marcho, Barack, pero algún día morirás y yo te estaré esperando allí donde sólo hay gritos, dolor y rechinar de dientes; serás tú quien pregunte ¿quién va?, y yo quien responda- La Muerte-.
Epilogo :
La joven Eloisa se convirtió en mártir, solo por demostrar que se puede amar y llevar el nombre de alguien destinado a no corresponder el amor de los amantes; y en una olvidada iglesia de un olvidado lugar un ángel sonríe intentando consolar a aquellos que derraman su sangre. Que viven escribiendo requiebros, versos y bellas cartas a la persona amada, su sueño, su amor y esperanza, A todos aquellos que venderían su alma y más por su Eloisa.
Marriage
She lighted a cigarette while waiting. He was late and that was very strange. She could almost smell him. That special mixture of mint and tobacco. She was imagining him in his smart black suit and his brilliant shoes!. She still kept a tie she had bought for him inside her bag. The shop assistant had smiled at her while wrapping it.
The phone rang in the bar . One of the waitresses answered it. He was too late, ...she thought and then looked at her watch. Half an hour late!. He never used to do such things as being late without bsending a message or giving her a call. “something is wrong” she thought.
Suddenly a shiver ran down her spine. He was driving from Dublin. He might have had an accident. He could still be in the middle of nowhere, asking for help. He might be hurt, or even worse than that, dead. She lighted another cigarette and stood up to look through the window. It was starting to rain. She sat down again, grabbed the gift and opened it tearing up the wrapping paper.it was such a pretty tie, Red-wine colour and pink stripes... she tried it on, but then she felt sick. Then, she asked for the bill and left. She did not have an umbrella and was getting soaking wet. “where are you, Michael?”she shouted into the air. She got in her car and drove home. The rain helped up. When she got home got off the car and took off her red high heel shoes. She had spent the whole day primping herself for him. The road was wet and that helped her feel better. She felt heavy tired, but no longer worried. She saw a dark figure moving around the bushes. “miaow”. It was just Otto, neighbor’s cat. Once inside, she put on a gown, walked towards the balcony and lighted another cigarrete. The wind swayed her blond hair. It was nice. She smoked another two cigarettes and helped herself to a glass of red wine. Her mother had always said her that refined women only drink white wine, instead of red, suitable for men. “Red wine!” she thought “red as blood!”. Where was he?. She remembered that she was still wearing his tie. She had never imagined what her life might be like without her husband. She was not used to work. All she knew about was how to look pretty. She looked around. Her house was comfortable and carefully decorated by herself. The curtains were handmade. Silk was expensive... she recalled her wedding day. She was not sure about Michael. “love may come later”her mother had said. She had always been a very clever woman, but she could not cry when she was buried by her father’s grave. “rest in peace, witch” she had said loudly. She now threw the glass over the balcony rails. It broke into many pieces near a streetlight. “well, nothing to be done. Just wait for him to come home”. She went to the bathroom, applied russian red lipstick on her lips and brushed her hair. Then she took off all her clothes. She was aware of her beautiful body and how Michael’s friends looked at her lustfully. She touched her smooth breast and her pubis’s curly hair. “Perfume” she reminded herself. Her perfume was so intoxicating she applied a few drops on her neck and wrists. Then, she put on the tie around her neck and went back to the balcony. There was no sound in the street. All she could hear was her own breath. The feeling of her nakedness was stronger now. She pulled the last cigarette out of its case an lighted it. Time was five o`clock. A car pulled into the garage. “Michael”. She tied her gift to one of the rails of the balcony. Michael was in the room now. He looked at her, shocked as she blew him a kiss and jumped over the balcony hanging herself...
Next morning the news spread that Samantha Powell had died. “she had had a car accident the night before while she was driving home from a bar” said her husband to the neighbors. “I wasn’t allowed to see the corpse because of her scars and bruises” he finally declared. Some old ladies that knew her raved about her. One of them said that she had been taking pills, another one that she had got a lover, and her husband had found out about it...No, said one her friends. She was very ill. She had been very ill for several years. “what kind of illness did she suffer from?, asked one of the ladies”. “the worst one”, answered the other woman “marriage”.
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